Octava maravilla del mundo, pureza blanca, majestuosidad azul, el Perito Moreno cautiva mucho más que las miradas, consigue inmediatamente el dominio de todos los sentidos de quienes llegan hasta sus inmediaciones, conquistando su atención de modo indeterminado.
Cada murmullo, cada golpe, cada ráfaga de frío, todo es impresionante, indescriptible e inexplicable cuando se trata de este nevero. Ni fotografías ni filmaciones, nada siquiera se asemeja a estar allí presente cuando él se desprende de un pedacito y lo deja caer hacia el Lago Argentino, sin que la pérdida le afecte en nada a su imponencia y perfección.